EL PROTOCOLO DEL FUTURO III

20 Feb EL PROTOCOLO DEL FUTURO III

Director, guionista, productor y realizador. Los regidores

El protocolo de futuro, y ya de presente, sitúa al responsable de un evento como un gran director, guionista, realizador y productor al mismo tiempo, por buscar un símil en la organización televisiva de grandes espectáculos. La amplitud de sus competencias es cada día mayor y no puede hacer frente a eventos de cierta magnitud sin la ayuda de un equipo adecuado.

Precisa cada vez de más medios tecnológicos para cualquier tipo de acto, por solemne e institucional que sea, de mayor presupuesto y de más equipo especializado. Es el director de la ceremonia, el coordinador general de la puesta en escena del guion que el mismo ha labrado después de conocer al detalle los objetivos del acto y las condiciones en que se va a celebrar. Si su función es dirigir, el tradicional jefe de protocolo ha de variar su perfil de hombre solitario, desbordado y con escasos recursos, para virar hacia la posición de un líder en la sombra capaz de movilizar a la perfección a un equipo de ejecutores.

Ha de ser también un poco realizador. Tener ese sentido de la oportunidad para tomar las imágenes que convienen para el sentido de la oportunidad para tomar las imágenes que conviven para el sentido general de la ceremonia. Como obviamente la cobertura mediática no es cosa del responsable de protocolo, tiene que diseñar el evento con el ojo de cámara que buscaría cualquier profesional.

El protocolo de hoy y de mañana viene a ser un poco toda esa función. Por lo tanto, estamos hablando de que las organizaciones cada día serán más complejas, pues las necesidades mediáticas imponen diferentes ritmos y conceptos. El responsable organizador debe tener una clarísima idea de conjunto, visualizar las cosas desde la perspectiva general y rodearse de ayudantes que se responsabilizan de movimientos y posiciones a quienes sabe transmitir las órdenes correspondientes.

Los actos, hoy.

Actos siempre los ha habido, hablando desde el punto de vista de protocolo. Sin embargo, hasta no hace más de cien años, prácticamente se reducían a los estrictamente diplomáticos y sociales promovidos por la Realeza y sus representantes, así como las coronaciones o tomas de posesión de los gobernantes. No podían faltar tampoco las visitas oficiales o las celebraciones de victorias.

Estos actos tenían una estructura muy vertical donde pocos eran realmente los protagonistas y muchos los convidados de piedra. Se planificaban buscando la satisfacción personal de sus actores y usando a los mismos como un instrumento de demostración de poder de influencia.

Sin embargo, con la industrialización de la sociedad, la proliferación de instituciones públicas, la irrupción de los medios de comunicación primero escritos y luego audiovisuales,  la necesidad de nuevas fórmulas de publicitación comercial, la internacionalización de la sociedad, la fuerte competitividad, el control político y la conversión de la influencia hacia centros de poder, han hecho que los actos se exterioricen más y salgan de los nobles palacios y casonas y se generalicen antes de los años 50. Posteriormente, el nuevo marketing, la democracia y los diferentes sistemas electorales, la globalización, la aparición de nuevas tecnologías, la pujanza mediática y el aumento de la industria de los medios de comunicación, la revolución social que trajo consigo el co0ncepto de las relaciones publicas y los lobbyes, la proyección de la imagen y la importancia de las marcas, las relaciones internacionales, la aparición de nuevos mercados y la práctica desaparición de las clases sociales, entre otros, fomentan la celebración de todo tipo de actividades públicas que con el tiempo se van sofisticando, generando la necesidad de contar con expertos capaces de afrontar los retos organizativos.

Hoyson miles de actos (en sentido protocolario) los que cada dia se celebran en un solo país. Antes, recibir una invitación para uno de ellos era motivo de satisfacción y alegría. Ahora en los despachos mas influyentes pueden entrar una media de cinco invitaciones diarias, lo que ha fomentado una dura competencia entre eventos que, a su vez, han de calibrar muy bien su celebración con las adecuadas franjas horarias de máximo riesgo derivado de la posible coincidencia de otras opciones de mayor atracción televisiva, los problemas del tráfico, las inclemencias del tiempo o el posible interés de los medios de comunicación. Hoy en día no es fácil, para quien no esté bien posicionado o tenga un grupo de presión por detrás que le apoye, convocar un acto y tener la debida respuesta de asistencia. De ahí que en  muchos casos hayan surgido los invitados mediáticos, aquellos que previo pago por su fama o prestigio se contratan para que asistan, o se haga uso de cada vez de la invitación a políticos y empresarios solventes cuya presencia pueda garantizar pueda garantizar un público idóneo.

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