EL PROTOCOLO DEL FUTURO II

07 Feb EL PROTOCOLO DEL FUTURO II

La organización

Definitivamente, estamos en la era de la organización global, lejos estas dos palabras de la llamada globalización general. Un buen técnico de protocolo es hoy, en realidad, un organizador de actos. Quien no se dé cuenta de este cambio sustancial se queda fuera. Y los organizadores necesitamos tener muy claro lo que se pretende con los eventos, su filosofía, su finalidad, sus objetivos. Porque los actos en sí mismos son puras estrategias de uno o varios mensajes de la puesta en escena de una necesidad comunicacional. Puede ser más público o más privado, pero siempre tiene una finalidad. El protocolo debe someterse a ella. La dictadura de las precedencias oficiales de autoridades o el orden jerárquico de los ejecutivos en una empresa deben dejar paso a nuevas soluciones.

En el protocolo de hoy y de mañana habrá muchas cosa que tropiecen con el puritanismo protocolario, sin que con ello queramos extender el banderazo de salida para el “vale todo con tal de cumplir los objetivos”. No se trata de pasar de un extremo a otro, sino de encontrar ese punto de equilibrio entre la cadena que nos ata y el motor que nos empuja. Ese equilibrio que en las organizaciones te exige el proceso de comunicación y te guía el olfato de la estrategia, entendida esta como la manera de aplicar las técnicas tradicionales para lograr el cumplimiento de las necesidades del mensaje a través de los contenidos y de los continentes de un evento. Es decir, la estrategia utilizada en sentido `positivo como un arte de hacer protocolo conviviendo con las necesidades que una institución o una empresa puedan tener de corte comunicativo o publicitario.

Esta nueva manera de conceptuar el protocolo nos lleva a diseños y escenificaciones diferentes donde la comunicación es la locomotora que marca el ritmo y el camino y el marketing y la imagen los raíles por donde discurre. No queda el protocolo en el furgón de cola; penetra en todos los vagones de este tren imaginario, porque sin el los objetivos tampoco se pueden conseguir. Ahí el profesional de protocolo, el buen profesional, debería saber cómo unir las diferentes piezas del puzle de un acto y dotarle del oportuno sentido comunicacional para que los eventos no queden rancios, vacíos o sin interés alguno.

Un buen ejemplo de este cada vez mayor protocolo mediático lo constituye la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos. Un acto reducido hoy a la ortodoxia del punto seis de Protocolo de la Carta Olímpica acabaría de golpe con la imagen de una ciudad y, sobretodo, con la esponsorización y la entrada de ingresos que haga viable el complejo operativo de una organización de este calibre. La ortodoxia olímpica tiene que desarrollarse en un marco de espectáculo que atraiga, que interese al espectador o al televidente para que no cambie de cadena y permita a la empresa patrocinadora alcanzar las máximas cotas de eficacia publicitaria.

Por eso no hacemos protocolo: se escenifica. Se hace aquello que quiere dejarse ver, y se evita lo que no conviene. Por hablar de un ejemplo que me atañe a mí, y se evita lo que no conviene.

 

Rubén Velázquez

Producción

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